¡Fuera máscaras!, el conservadurismo hispano muestra su verdadero rostro

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La gestión que la Derecha Neofranquista, representada por Mariano y su cuñado Albert, está haciendo que la convocatoria del referéndum catalán sea paquidérmica. Como no logremos inmovilizarlos se van a llevar por delante, además de  las cacharrerías de Barcelona, las libertades de todo el Estado.

Llama la atención que quienes hacen «santo y seña» de la Tauromaquia no agarren por los cuernos el problema catalán. Nos hubiesen ahorrado infinitos quebraderos de cabeza solo con haber tenido la valentía de convocar desde el Estado y con todas las garantías una consulta similar a las ya realizadas en Canadá o Escocia, permitiendo así conocer la voluntad real de Cataluña.

Pero ha primado el enrroque en el Universo mental del Conservadurismo. Su horizonte ideológico no les permite ver más allá de la pulserita rojigualda, procesiones con mantilla y guardia civil flanqueado el paso, colegios religiosos subvencionados, privatizaciones a mansalva y corrupción, toneladas de corrupción hasta transferir la riqueza pública a sus particulares bolsillos, pozos sin fondo.

Si el empeño y ardor guerrero puesto en preservar sus intereses de clase lo dedicasen a la lucha contra el paro, combatir el fraude, la defensa de los derechos laborales y sociales….ahora no tendríamos la marea humana que quiere abandonar el Estado al grito de «el último que apague la luz» sino que repartiríamos números para ordenar la cola de quienes aspiran a entrar.

Tiene toda la pinta que el próximo 1-O el gallego sube/baja no podrá ejecutar en la plaza su acreditada suerte de D.Tancredo. Por muchas rogativas y encomendaciones al brazo incorrupto de Santa Teresa esta vez parece que no va a funcionarle el «ya escampará».

Las provocaciones mezcladas con las torpezas que han hecho visible la pata del lobo porque llevan años sin molestarse en disfrazarse de corderos, han conseguido el efecto rebote de convertir un planteamiento político tradicionalmente marginal en otro que aspira a la hegemonía mediante la creación de independentistas por reacción al alimentar el victimismo de quienes siempre fueron los «socios preferentes» de Convergencia y Unió (tanto con el lobbista González como con el “vigoréxico Aznar”, el presidente de gobierno que llegó a hablar catalán en la intimidad. Desconocemos si su dominio de la lengua logró arrancar al «honorable Pujol» un «molt be» en alguna de la cita a ciegas).La intolerancia ha dado una coartada de oro a quienes hasta ayer fueron sus Iguales con barretina en Corrupción, Represión y Recortes.

El ninguneo y desprecio al grito de «volem votar» se paga. De momento ha hecho aumentar exponencialmente el número de quienes practican la desconexión mental de España. La situación se torna peligrosísima para los adalides no del Fuero sino del huevo, a la par que deja sin voz a quienes en un proceso normal serían mayoría natural: los partidarios del Sí (a votar)/No (a la Independencia).

La Ataraxia en su fase de ausencia de temor es el primer paso. Como el «proces»  le quite a Puigdemont el miedo a la inmolación, la siguiente zancada lo llevará a querer conseguir la palma del martirio. Vuelve a resonar en nuestra Historia el «¡Qué error, qué inmenso error!».

El «ansia viva» de los neofranquistas por avasallar les hace entrar al trapo que más conviene a sus antaño muletas, hoy oponentes: transformarlos en perseguidos. Han arrojado al cubo de la basura la única solución lógica del Referéndum con todas las garantías legales en el que primaría «una persona, un voto» y no se  distorsionase la voluntad popular como cuando se sobrerrepresenta en las autonómicas a las provincias de Girona o Lleida frente a Barcelona.

¿Por qué se ha reaccionado con tanta desmesura? Fácil: el modelo de la República Federal no tiene encaje en el Felipismo Borbónico. Y si esta República lleva asociada la «cuestión social» tampoco tiene el apoyo de la Burguesía catalana hoy filo-independentista.

Y mientras la pista del circo sigue a pleno rendimiento. No faltan payasos, sobran espontáneos ejecutando chistes sin gracia. “Eugenio Rivera”-de naranja en lugar de negro- se ha sacado de la manga un patético «¿Saben aquel que diu?» para asustar con un “Cataluña puede terminar como Yugoslavia” (claro o como Ucrania, Irak, Siria, Libia….si se le cruzan los cables al Imperio).

La hasta ayer indignada Arrimadas a la que una descerebrada  vejó en Facebook deseándole una violación en grupo, se muestra  pasiva ante las amenazas de muerte a la diputada de la CUP, Gabriel.

O ese juez de ultraderecha, digno hijo de almirante franquista que lo mismo vomita artículos sobre la Memoria Histórica reivindicando la impunidad de esa dictadura tan plácida para su entorno, se tapa la nariz mientras define peyorativamente el pelaje de los ayuntamientos del cambio o se carga la libertad de expresión y pensamiento escudados en la demencial figura de «apología del Referéndum». Lo triste es que el delirio lo secunda esa Fiscalía que actúa contra los Ayuntamientos catalanes.

Los denostados españolitos de a pie no podemos aceptar la degradación de Libertades que nos quieren vender como normalidad sin combatir. Porque no puede calificarse una situación política de normal cuando no lo es. A quien esté dispuesto a aceptar pulpo como animal de compañía sin atragantarse sería mejor regalarle un poema de Blas de Otero. Ya lo utilizamos el año pasado. Mala señal es volverlo a refrescar  porque indica que el problema sigue. Ya sabéis lo  que dice:

Bien lo sabréis. Vendrán

por ti, por ti, por mí, por todos

Y también

Por tí

(Aquí no se salva ni dios, lo asesinaron)

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Entrevista sobre federalismo a Felipe López Aranguren

Federal 3R de Radio Rebelde Repúblicana busca trazar la línea que resulta de la suma de los diversos puntos de vista que, entrevista a entrevista, analizan el modelo federal. Su intención es ofrecer una mirada coral del federalismo a través de entrevistas y conversaciones en las que se abordará nuestro modelo de convivencia desde ámbitos como la cultura, la política, la economía, el feminismo o el sindicalismo.

Con esta intención nuestro compañero del Frente Cívico de Cataluña, Javier Bernad, conversó con Felipe López Aranguren, sociólogo, poeta y concejal.

Os dejamos el vídeo de la entrevista que también está disponible en el canal de Youtube de Radio Rebelde Repúblicana.

A propósito de Cataluña: Razonemos (y III)

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España complejo político-nacional, que no ha encontrado todavía la fórmula de equilibrio y de una organización estabilizad. (Pere Bosch i Gimpera, 1891-1974).

España libra siempre contra su pasado una batalla íntima, ansiosa, con crisis violentas. (Pierre Vilar, 1906-2003)

He querido encabezar la tercera entrega de la serie con las reflexiones de un profesor y político catalán exiliado a Méjico a causa del franquismo, y la de un historiador e hispanista francés que tanto y tan bien conocía nuestra Historia. ¿El motivo?, inducir a la consideración de que un problema objetivo y multisecular, el encaje de los territorios del Estado Español, solamente se puede abordar con paciencia, diálogo y voluntad de entender al otro. Y si ello no es posible tras un proceso de participación múltiple de interlocutores e intereses con reglas de juego claras, se impone el ejercicio del Derecho de Autodeterminación. Creo que en el caso de la relación España-Cataluña ese proceso con variedad de interlocutores e intereses y reglas de juego claras, no ha tenido lugar.

También me ha movido una consideración sobre los sentimientos, las identidades colectivas y las ideas-mitos que, exacerbadas o no, manipuladas o no, pretenden constituirse o pretenden que se constituyan en el cemento casi único de cohesión en una sociedad dada. Decía Levy Strauss que el mito se organiza de tal manera que se constituye por sí mismo como contexto. Y cuando eso ocurre o hacen que ocurra, España y Cataluña se convierten en referencias sentimentales y abstractas despojadas de toda vinculación con élites, grupos, colectivos e intereses de clase ¿Quién o quiénes hablan de España y Cataluña en cada momento histórico? ¿Quién o quiénes dicen representar los intereses globales de ambas entidades? No se trata solamente de elucidar la representación jurídico-institucional formal sino la realidad material que la sostiene.

Mariano Rajoy, Carles Puigdemont y lo que ambos políticamente representan son ya totalmente esclavos de sus palabras y de la cadena de procesos que, pacientemente en un caso, alocadamente en el otro, han puesto en marcha. Ambos, por otra parte, están haciendo posible que los corruptos de cada una de sus huestes respiren tranquilos, que algunos tribunales, liberados de la presión mediática y ciudadana, puedan emitir sentencias que en otros momentos serían escandalosas, que los profundos y lacerantes problemas sociales que afectan tanto a Cataluña como a España se eclipsan ante el vórtice de crispaciones y visiones unidimensionales. Pareciera como si éste fuera, objetivamente, el problema que afecta a la mayoría social de aquí y de allá. Los medios de comunicación afectos a cada parte, se abren a insultos, descalificaciones y generalizaciones sobre los lugares comunes más manidos. La red comienza a ser un vomitorio de histerias con ribetes fascistoides y guerracivilistas. Para unos Cataluña debe ser bombardeada y arrasada, y para otros España nos roba y expolia desde hace siglos. Cerrazón agresiva y victimismo ofuscante. Los dicterios y las soflamas han velado casi totalmente la noticia de los 60.600 millones de euros que la banca ha succionado del dinero público. Ahí sí que hay materia para hablar de robo como en la Gürtel, la Púnica, el 3% de comisiones o la fortuna del ex -molt honorable.

Es verdad que todavía hay una parte muy importante de la población que en torno al conflicto no sabe, no quiere y en otros casos no puede, por sentirse en minoría en su hábitat profesional (riesgo de despido) o de relaciones sociales. Faltan pocos días y cada uno de los contendientes intentará, a través de discursos, tópicos patrióticos y radicalidad, que esos días vayan engrosando la carne de cañón para el día 1 de octubre. Y siguientes días, porque el conflicto, larvado o explícito seguirá socavando las esperanzas de un marco de entendimiento generalizado para todo el Estado. ¿Qué realidad económico – social y política vela el enfrentamiento?

En junio de 1977 las candidaturas de las fuerzas políticas reputadas de izquierda (PSOE, PSUC y ERC) obtuvieron 24 de los 47 diputados que Cataluña aportaba a las flamantes Cortes Generales. El Gobierno comenzó a prever un triunfo de la izquierda en unas posibles y futuras elecciones en un marco estrictamente catalán. El regreso de Tarradellas (ex – President de la Generalitat en el exilio), auspiciado por el propio Adolfo Suárez, fue la preparación de la respuesta a la tan temida posibilidad electoral.

Tras la Presidencia de Tarradellas en el gobierno preáutonómico catalán (1977- 1980), ha habido en Cataluña 11 elecciones al Parlament. En ocho de las mismas CiU ha sido el partido más votado, alcanzando la mayoría absoluta en tres ocasiones. El resultado final ha sido que Jordi Pujol ha sido investido Presidente en seis ocasiones (24 años de mandato). El PSC ha sido el partido más votado en 1999 pero la Presidencia la alcanzó Pujol. En 2003 volvió a ganar y fue electo President Pascual Maragall. En 2006 ganó CiU pero fue electo José Montilla con el apoyo del tripartito (PSC, ICV y ERC). En 2015 ganó las elecciones Junts pel Sí, siendo electo President Artur Mas que fue sustituido por Carles Puigdemont.

Durante más de veinte años Jordi Pujol ha sido Cataluña. Debelador electoral de la izquierda, su hegemonía política, ideológico-cultural y social fue absoluta. El llamado cinturón rojo de Barcelona volcó su voto a CiU. En esos años los Gobiernos de España no tuvieron ni quisieron otro aliado ni otro apoyo que Pujol. Gracias al apoyo de Convergencia Felipe González fue electo Presidente en 1993; lo mismo que Aznar en 1996. Los acuerdos en política económica y social o en política exterior con los gobiernos de Madrid formaban parte de la cotidianeidad parlamentaria. Y en Cataluña, la izquierda disminuida y en permanente rebaja ideológica, creyó que siguiendo la estela del catalanismo político e ideológico y a costa de renuncias en lo social podría alcanzar un puesto al sol. De aquella relación de aliado e interlocutor privilegiado en Cataluña, Pujol no solamente sacó beneficios para su Administración sino también beneficios de índole personal en lo tocante a tratos de favor de la Justicia en el caso Banca Catalana y otros, según denunció en su día el Fiscal Jefe Anticorrupción Carlos Fernández Villarejo.

¿Cuál era el proyecto político de Jordi Pujol? Con los límites que marca el espacio del que dispongo puedo señalar tres fundamentales:

  • Cataluña como realidad nacional derivada de dos realidades: la Cataluña medieval que configuró la lengua, el territorio, la cultura, el derecho, la vivencia colectiva de la identidad.
  • La revolución económica y social iniciada en el siglo XVIII (maquinismo, burguesía, comercio, etc.)
  • La existencia en España de entidades históricas y territoriales (no sólo Cataluña) con una personalidad propia que no pueden quedar encajadas en un solo y único modelo de autonomía.

En ninguna de las muchas veces que he oído y leído a Pujol, tanto en conferencias como en sus intervenciones ante el Senado o ante la Conferencia de Presidentes Autonómicos, ha mostrado la idea de una Cataluña fuera del marco global de España. ¿Por qué el cambio de contenidos y de formas tanto en Artur Mas como en Puigdemont?

Antes de abordar la respuesta, siquiera en los límites de espacio que debo moverme, es conveniente reflexionar sobre los encajes posibles de la propuesta de Pujol que he deducido de sus intervenciones, comentarios de su entorno y la lógica de su concepción territorial, histórica y cultural:

  • Una confederación entre cuatro entes territoriales y políticos: Cataluña, Euskadi, Galicia y España (o sea el resto). Madrid debería encargarse de homogeneizar su ámbito territorial específico a efectos del diálogo permanente con los otros tres. En todo caso la centralidad confederal no abarcaría políticas económicas, fiscales, sociales y culturales. Esas serían competencia exclusiva de los confederados.
  • En caso contrario, la conversión de Cataluña en Estado Libre Asociado directamente con el Estado Español.

Esa visión confederal de por sí ya difícil de ser aceptada, se hace casi imposible de encajar con el modelo actual de autonomías que se ha ido desarrollando a través de un proceso de improvisaciones, remiendos, chapuzas y eventos históricos imprevistos.

Estaba claro en 1977 que las nacionalidades (Cataluña, Euskadi y Galicia) aspiraban, cuando menos al estatus que tenían en la II República. Era justo e inevitable. El miedo y desconfianza que ello producía en el Gobierno y en los poderes económicos combinado con ribetes de políticas de campanario produjo el café para todos que también se reclamaba de la República porque cuando se produjo la sedición militar de Franco ya había en las Cortes varios proyectos de estatutos regionales esperando su discusión y aprobación.

El caso es que la socialización del famoso café hizo necesaria la concepción de dos tipos de autonomía, la del 151 de la Constitución para las nacionalidades y la del artículo 143 para las regiones. A partir de ahí todo fue un tira y afloja para cubrir huecos, atender protestas y conseguir estabilidad gubernamental. Retroceso como la LOAPA, concesiones como la LOTRACA (Canarias) y la LOTRAVA (País Valenciano), pactos específicos con Cataluña y Euskadi, etc., han ido configurando un modelo que puede ser cualquier cosa menos un incipiente modelo federal. Y a todo se le sumó un hecho histórico no previsto en el guion, la gesta del pueblo andaluz el 28 de Febrero de 1980. Ya había un cuarto interlocutor que no había sido invitado previamente; se sentó en la mesa directamente. Esta última realidad rompía el primer marco de Pujol. ¿Es o no es una tarea difícil, necesitada de comprensión, diálogo, reconsideraciones, sacrificios, generosidad y sobre todo, de proyecto de futuro más allá del horizonte electoral próximo? ¿Y si no es posible construir desde la pluralidad de interlocutores (trabajadores, ciudadanos y representantes políticos de las entidades territoriales), por qué negar el ejercicio del Derecho de Autodeterminación?

Durante años se ha ido conviviendo a trancas y barrancas porque los Gobiernos de turno han ido a base de prebendas, excepciones, tácticas dilatorias y respiros transitorios (el Tripartito catalán), dilatando la necesidad de mirar más allá de los plazos electorales más inmediatos.

La crisis del 2008 no solamente supuso la evidencia de que el marco de la UE era un dogal sino que la deuda (pública y privada), el paro, la precariedad, el cierre de empresas, la pobreza, la exclusión social eran evidencias insoslayables. En Cataluña, exactamente igual que en España, los recortes acabaron con la ficción del mejor de los mundos posibles. En paralelo a la degradación de las condiciones de vida fue intensificando el conocimiento de una corrupción ya antigua, pero ahora más evidente. El escándalo era el pan nuestro de cada día.

Un Gobierno español desacreditado, una izquierda catalana que no supo hacer ver, a través del tripartito, que era diferente en políticas económicas y sociales y que además había hecho del catalanismo su referencia fundamental. Unos sindicatos que tanto en España como en Cataluña languidecían en un silencio de mortuorio y seguían siendo presos de Maastricht y demás tratados de la UE. Y a ello se sumaba una Cataluña que era la contrafigura cultural de lo que fue en los años setenta del pasado siglo. La reacción como casi siempre es sublimar la realidad y convertirla en mito: Cataluña y España son como la Roma de Craso en Julio César de Shakespeare: eterna en la mente de los dioses.

Rajoy instalado en la corrupción y acosado políticamente por ella, consciente de que no hay primavera del empleo, ni tampoco un horizonte medianamente realizable para la juventud ha encontrado las viejas fórmulas de Franco, los enemigos internos y externos. En este caso de la Democracia, la Constitución y las Libertades. Quién lo diría a la luz de la ejecutoria de sus gobiernos: Ley Mordaza, rodillo de la mayoría parlamentaria, etc. Artur Mas y Puigdemont le han venido como anillo al dedo.

Cuando una mayoría social que sufre injusticias y precariedades y además se siente engañada, defraudada y sin referencias sindicales o políticas convincentes, tiende a concretar un enemigo como fuente de todos sus males y olvida quién o quiénes han gobernado o gobiernan en Cataluña con idénticas políticas económicas y sociales. Busca un culpable a quien transferir su decepción. Por otra parte el discurso victimista de unos dirigentes y el silencio y la falta de coraje de otros ha caído sobre las mentes como la lluvia que empapa. Y si a ello se le engarza la evidencia de una identidad específica avalada por la Historia y mantenida electoralmente durante décadas el resultado está a la vista. Tampoco se puede obviar –sería injusto- el poso secular de una cultura que tiene sus raíces en la Renaixença, el progreso económico y la modernización capitalista. Y todo ello en contraste con una España de oligarquías y caciquismo con la que, por cierto, se pactaba o se acudía a ella para sofocar las protestas obreras del siglo XIX. Y cuanto más se siente o le hagan sentir objeto de agravio comparativo o injusticia, más se radicaliza. En estos casos, aquí y allí, la bandera se hace mito, refugio, símbolo de esperanza. Y para redondear el cuadro el PP con su torpeza y su visión mesetaria, hizo imposible la aplicación de un Estatuto ya aprobado por el pueblo catalán. Ha tenido la rara virtud de crispar a la varias Cataluñas.

CiU, castigada y desprestigiada, desaparecida como siglas y alianza política tras la ruptura de Unió Democrática, fue sustituida por una nueva marca de Convergencia que ha heredado los escándalos de la corrupción y la espada de Damocles de los tribunales, se envuelve en la enseña patria como Pujol en su tiempo o Rajoy en el presente. Superada por ERC no tiene más remedio que huir hacia adelante en pos de su quimera; a saber, plantear batalla en estas circunstancias. ERC retoma sus días de gloria y ve posible con notoria ofuscación, una República catalana y de ¡izquierdas! con semejante compañía y con todas las incógnitas sin despejar.

La CUP, conformada por militantes esforzados, honestos, cargada de radicalidad jacobina (para mí no es nada peyorativo), está presa de solipsismo, es decir no ve o no quiere ver nada fuera de sí misma: el contexto, los compañeros de viaje y el marco político. Puede que crea que la Cataluña de los trabajadores, parados, jóvenes sin esperanza, amas de casa angustiadas por el fin de mes o mujeres doblemente explotadas se va a levantar y organizar como la Comuna de París de 1871. El problema reside en que hay que programar el día después. Las revoluciones se consolidan o son flor de un día a partir de la fecha oficial de comienzo. El deprimente espectáculo del Parlament es todo un augurio. ¿Qué quedará después del 1 de octubre y siguientes? ¿Continuará inquebrantable la alianza de Junts pel Sí? Deberían recordar a Françesc Cambó y las diferencias de intereses de clase existentes en su seno. ¿Ven imposible un Thermidor?

Viene a mi memoria el Congreso de la Internacional Socialista de 1912 en Basilea. Allí se acordó solemnemente que, ante el clima bélico que ya presagiaba la I Guerra Mundial, las federaciones socialistas harían un llamamiento contra la guerra y se comprometían a votar contra ella en sus parlamentos nacionales. Apenas dos años después, diputados socialistas franceses y alemanes votaron en sus respectivos parlamentos los créditos de guerra.

Creo que es a partir del día 1 de octubre (porque ahora nadie escucha) cuando la propuesta federal que la izquierda siempre ha defendido (y elaborado en el caso de IU) debe ser explicada en una y otra parte del conflicto para que desde la centralidad del mundo del trabajo manual, profesional e intelectual, podamos hablar de la Federación Española, Hispánica o Ibérica (Portugal incluido). Una Federación Plurinacional y Solidaria entre todos los pueblos que componen lo que llamamos Estado Español.

A propósito de Cataluña: Razonemos (II)

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Uno de los argumentos más recurrentes usados por los portavoces del discurso oficial en ¿debates?, artículos de fondo y tertulias, es que el llamado Derecho de Libredeterminación o Autodeterminación, es algo ajeno a la Constitución española y en consecuencia no ha lugar que se tenga en cuenta ¿Es así realmente? Vayamos a los textos legales y políticos.

El artículo 10 del texto constitucional dice en su punto nº 2:

Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre la misma naturaleza ratificados por España.

Es decir el Reino de España hace suyos los contenidos de leyes y acuerdos internacionales que sobre la materia de DDHH y libertades ha firmado. Así lo dice el artículo 96 en su punto nº 1:

Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno. Sus disposiciones sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas generales del Derecho Internacional.

Es sabido que tanto la carta Fundacional de la ONU de 1945 o la solemne Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 de la misma organización, son documentos que el Reino de España está obligado a aplicar y desarrollar. Pero hay otros tratados, menos conocidos del gran público que son vinculantes y de obligado cumplimiento por los Gobiernos de España.

El 16 de Diciembre de 1966 la Asamblea General de la ONU acordó someter a refrendo de los países miembros los llamados Pactos de los Derechos Civiles y Políticos. El Reino de España se adhirió a ellos en 1977 y con la firma del Rey Juan Carlos se publicaron en el BOE del 30 de Abril de 1977. Dicho tratado entraba en las obligaciones contractuales que señalaba el artículo 96 de la Constitución reseñado anteriormente.

El Artículo del citado Pacto dice en su artículo 1, punto nº 3 lo que sigue:

Los Estados Partes en el presente Pacto, incluso (el subrayado es mío) los que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos y territorios de fideicomiso, promoverán el derecho de libre determinación, y respetarán este derecho de conformidad con las disposiciones de la carta de las Naciones Unidas.

A partir de este texto el Derecho Internacionalista ha distinguido entre libredeterminación externa, es decir la que hace referencia a la eliminación de situaciones coloniales y la interna que se dirige a todos los pueblos constituidos en Estado. En este último sentido el profesor español Juan Antonio Carrillo Salcedo que fue Presidente del Tribunal Internacional de Justicia, mantenía que el citado artículo otorgaba este derecho a pueblos que se encuentran en estados soberanos e independientes.

Hasta aquí todo parece claro y sin problema alguno. Sin embargo las posiciones sobre el derecho de autodeterminación se han enconado en un debate de interpretaciones legales farragoso y, en ocasiones tenso. Veamos algunas argumentaciones.

Los partidarios de no reconocer para España el citado derecho, alegan que la Asamblea General de la ONU en la Resolución 1514 y en la 2625 reconocían el derecho pero señalando que quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad de un país es incompatible con los propósitos y principios de la carta Fundacional de las Naciones Unidas. El propio profesor Carrillo citado anteriormente decía que Un Estado independiente y soberano que posea un gobierno representativo de la totalidad de su pueblo queda así salvaguardado de toda reclamación de libredeterminación. Y así bastantes documentos, declaraciones y estudios jurídicos.

Frente a ello, los también numerosos partidarios del Derecho de Autodeterminación para ejercerlo por una comunidad con entidad específica y propia en cualquier territorio de un Estado, argumentan que los Pactos de 1966 son de superior entidad jurídica que las declaraciones y las resoluciones de la Asamblea General al ser tratados de obligado cumplimiento. Las resoluciones de la Asamblea General no lo son. Recuerdan que si éstas tuvieran carácter vinculante ya se hubiese levantado el bloqueo de EEUU a Cuba tras las 25 resoluciones del citado órgano en contra del mismo. Igualmente recuerdan los ejemplos de Canadá (en Quebec), Reino Unido (en Escocia) o Serbia – Montenegro (en Montenegro); Estados en los que se ha aplicado el derecho de libredeterminación interna. También se olvida que ejercer el derecho es consultar a una población si quiere o no continuar con el estatus actual. No implica necesariamente la secesión sino que puede significar la permanencia en la situación presente. Desde hace años mantengo que si muchos de los gobiernos españoles de hace una década o más, hubiesen tenido la inteligencia necesaria, hoy no habría problema. Hubiese bastado una consulta sin carácter vinculante. Una consulta precedida de un debate sereno, concreto y sin los ululantes comentarios y barbaridades verbales a las que se han entregado políticos, medios de comunicación y usuarios de red de una y otra parte. No es malo, sino todo lo contrario, saber de primera mano lo que opinan la ciudadanía o los pueblos. Ya es tarde.

Y es que el problema, a pesar de la claridad de los textos y los ejemplos es eminentemente político. Y en el caso catalán lo demuestra la siguiente cronología, recogida de varias fuentes, con la que pongo fin a esta entrega.

  • Noviembre de 2003. El candidato a la Presidencia del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, en un acto masivo celebrado en la Palau Sant Jordi de Barcelona promete solemnemente que si él llega a gobernar asumirá y defenderá el Estatut que apruebe el Parlament de Catalunya.
  • Noviembre del 2003. Tras elecciones autonómicas se forma un gobierno tripartito de izquierdas (PSC, ERC y ICV-EuiA)
  • Septiembre de 2005. El Parlament de Catalunya aprueba el proyecto de un nuevo Estatut con los votos de toda la Cámara a excepción del PP.
  • Noviembre de 2005. El Congreso de los Diputados con el voto negativo del PP y el afirmativo del resto de grupos toma en consideración para ser debatido el proyecto de Estatut. El PP presenta un recurso ante el Tribunal Constitucional alegando que el texto se debía haber tramitado como reforma constitucional y no como reforma estatutaria. El TC desestimó el recurso.
  • Enero del 2006. El Presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero se reúne con Artur Mas y llegan al acuerdo de que la palabra nación desaparezca del artículo 1 y pase a figurar en el Preámbulo además de pactar la creación de una Agencia Tributaria catalana y la cesión del 50% de los impuestos.
  • Enero del 2006. El Presidente del PP Mariano Rajoy pone en marcha una recogida de firmas para pedir que se celebre un referéndum en España sobre el Estatut.
  • Marzo del 2006. La Comisión Constitucional del Congreso introduce unas reformas en el Estatut eliminando artículos sobre aeropuertos, puertos, selecciones deportivas y Cataluña como circunscripción electoral independiente en las elecciones al Parlamento Europeo. Votan en contra el PP y ERC, ésta última porque el proyecto de Estatut se había cambiado y no era el mismo que aprobó el Parlament de Catalunya.
  • Marzo del 2006. El Pleno del Congreso aprueba la reforma del Estatut con los 189 votos de PSOE, CiU, PNV, IU-IC, CC-NC y BNG y los 154 en contra de PP, ERC, y EA. Se abstuvieron CHA y Nafarroa- Bai.
  • Abril del 2006. El PP propone en el Congreso que se convoque un referéndum en toda España sobre el texto del Estatut. La Cámara lo rechazó.
  • Mayo del 2006. La Ejecutiva de ERC decide pedir el NO para el referéndum sobre el Estatut en Cataluña.
  • Mayo del 2006. Tras la aprobación por el Senado (que no introdujo ningún cambio) el Estatut se aprueba por las Cortes Generales. Votaron SÍ PSOE,CiU,PSC,ICV,PNV,IU, y BNG. Votó NO el PP y se abstuvieron ERC, PAR, y EA.
  • Junio del 2006. El pueblo catalán aprueba el Estatut con los resultados que ya expuse en la primera entrega de esta serie.
  • Julio de 2006. El PP acude al Tribunal Constitucional.
  • Agosto de 2006. El Estatut entra en vigor.
  • Septiembre de 2006. El TC admite el recurso del PP.
  • Julio de 2007. La abogacía del Estado plantea ante el TC que 30 de los artículos del Estatut impugnados por el PP son exactamente iguales que los del Estatuto de Andalucía y en otros casos semejante a los del de las Islas Baleares. En ambos casos el PP los aprobó.
  • Junio de 2010. El TC avala la mayor parte del Estatut.
  • Julio de 2010. Se produce la sentencia final del TC en la que aparece el párrafo que reproduje en la primera entrega de la serie.

Esta cronología ayuda a entender determinadas posiciones y actitudes del presente, a la par que señala la existencia de contradicciones y desacuerdos en el seno de las dos radicalidades que caminan inevitablemente a la confrontación.

(Continuará)

Nota del autor.- Cuando se ha terminado el artículo los informativos nos traen la noticia de que altos cargos del PSOE andaluz han reclamado para Andalucía el reconocimiento como nación. El 1 de octubre, se quiera o no, marcará un antes y un después en nuestro transcurrir histórico como sociedad..

A propósito de Cataluña: Razonemos (I)

[Tal como anunciábamos el pasado sábado, nuestro querido amigo y compañero Julio Anguita iba a dedicar una amplia reflexión al tema de Cataluña. Este artículo inaugura la serie]

Estupefacción, malestar, cuando no asco, son las impresiones que a muchos ciudadanos nos producen los mensajes de la web, los comentarios de muchos tertulianos y las declaraciones de cargos políticos sobre la convocatoria, políticamente impecable pero legalmente bastante chapucera, del referéndum en Cataluña el próximo día 1 de octubre. Voy a obviar, por ahora, los insultos, las descalificaciones y las zafiedades propias del matonismo y la ignorancia ultras, para centrarme en el desarrollo de una lógica: la del texto fundamental de nuestro ordenamiento jurídico-político, en atención a aquellas personas que discrepando de esa convocatoria no se dejan llevar por lo peor de sí mismas.

Se suele argumentar que el texto constitucional de 1978 no puede ser incumplido ni vulnerado por la actuación unilateral del Parlament y del Gobierno de la Generalitat. Lo cierto es que, a estas alturas, lo de incumplir la Constitución resulta ya una práctica cotidiana cuando ésta es incumplida y obviada en el momento en que sus contenidos de política social o económica no sólo no se aplican, sino que se gobierna contra ellos, especialmente en lo referente a los Títulos Preliminar y VII. No olvidemos tampoco aquella malhadada reforma constitucional del artículo 135 por la que los Derechos Sociales de la ciudadanía quedaban relegados en función de priorizar el pago de una deuda de dudosa legitimidad. Todo un ataque frontal a los Derechos Fundamentales recogidos en la Constitución.

Recordemos además las reiteradas llamadas de atención y condenas que la ONU o el Tribunal Superior de Justicia Europeo, le hacen al Reino de España sobre incumplimientos de DDHH y otros contenidos constitucionales. Puede decirse en puridad que el referéndum de Cataluña es un hecho que jalona el proceso de degradación de nuestro llamado Estado de Derecho. El andamiaje sobre el que se construyó la Transición hace tiempo que fue superado por la realidad económica, social, política, institucional y cultural. El pacto constitucional de 1978 se hizo sobre los malabarismos conceptuales y políticos que aquella difícil situación demandaba. Por eso hoy, los problemas no resueltos vienen a cobrar las facturas pendientes cuyo pago, por las razones aducidas, no se hizo en tiempo y hora. Pero, vayamos al grano.

El artículo 2 de la Constitución dice literalmente:

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre ellas.

Del texto se deducen dos afirmaciones claras y una consecuencia lógica. La primera afirmación es la de la Nación española patria común e indivisible. La segunda es la de que existen dos conjuntos territoriales diferenciados:nacionalidades y regiones. La consecuencia es obvia, alguna diferencia deberá haber entre ellos al tener denominaciones distintas. ¿Responden a contenidos distintos las palabras, nación y nacionalidad? Aquí subyace una parte del conflicto que hoy comentamos. Veamos algunas opiniones sobre esta cuestión.

Los siete diputados que formaron la ponencia constitucional (por eso fueron llamados padres de la Constitución) opinaban lo siguiente:

Para Manuel Fraga (AP) catedrático de Derecho Constitucional, nación y nacionalidad son términos con igual significado. Por esa razón se opuso a incorporar la palabra nacionalidad al texto de la ponencia. Igualmente opinaban así Gregorio Peces Barba (PSOE), catedrático de Filosofía del Derecho, Jordi Solé Tura (PCE-PSUC), catedrático de Derecho Constitucional y Miquel Roca i Junyent (CiU), profesor de Derecho Constitucional. Es más Peces Barba llegó a plantear que España era una nación de naciones. Por su parte Roca afirmó que la nacionalidad era una nación carente de Estado. Los tres restantes ponentes y juristas de profesión, que militaban en la UCD, José Pedro Pérez LLorca, Miguel Herrero y Rodriguez de Miñón y Gabriel Cisneros, no veían conveniente la introducción del vocablo nacionalidad por las consecuencias que podía acarrear en un futuro. El caso es que esta cuestión produjo debates intensos en el seno de la Comisión redactora, en el mundo político y en el del Derecho. Finalmente se llegó al pacto y ambas palabras fueron introducidas en el texto constitucional. ¿Por qué?

Si alguna definición se podía hacer de la España de entonces era la de una no -dictadura formal. Suárez era un Presidente cuestionado por sus antiguos correligionarios del régimen franquista que seguían controlando muchas instituciones y bastantes resortes del Estado. La presión de los militares (sobredimensionada interesadamente por tirios y troyanos) era una nostalgia del pasado sin proyecto de futuro, pero constituía una fuerte presión psicológica. Sin embargo, la presión de los poderes fácticos de la economía que necesitaba el pedigrí constitucional para poder acceder al Mercado Común era la definitiva.

Y todo ello en el marco de una grave crisis económica, un altísimo índice de paro y graves problemas sociales de toda índole. Por esa razón se impuso que la palabra nacionalidad se plasmase en el texto constitucional. Los hijos del franquismo, en aras de lo que llamaron intereses generales, tuvieron que aceptar un término que, junto el Derecho de Autodeterminación, era una de las señas de identidad de la izquierda combativa y clandestina (especialmente el PCE) y los también perseguidos nacionalistas del PNV, CiU y otros. Ni que decir tiene que todo el mundo era consciente de que hablar de nacionalidades era referirse a Cataluña. País Vasco y Galicia.

Sobre esta cuestión el Tribunal Constitucional, tras el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por PP, declaró inconstitucionales varios artículos del Estatut (que ya había sido aprobado en referéndum por el 73´9% de los votantes, el 48´5% del censo), sentenció el 9 de julio del 2010:

  • La Constitución no conoce otra (nación) que la nación española.
  • Puede hablarse de naciones como una realidad cultural, histórica, lingüística, social y hasta religiosa.
  • La nación que aquí importa es única y exclusivamente la nación en sentido jurídico-constitucional.

De lo expuesto hasta aquí pueden sacarse algunas conclusiones:

  • El debate sobre nación y nacionalidad es bastante serio y no el capricho de algunos exaltados. Los testimonios que anteriormente he expuesto y que son una brevísima muestra de los que existen, así lo confirman.
  • Tras las palabras del Tribunal Constitucional sobre las naciones como realidades culturales, históricas, etc. puede deducirse, haciendo abstracción del hecho religioso, que Cataluña sólo le falta para ser nación acceder a la condición de realidad jurídico- constitucional. Es decir un cambio constitucional. Una cuestión puramente política en la que los protagonistas son el Pueblo español, las Cortes Generales, el Pueblo catalán y sus instituciones de Autogobierno.
  • En consecuencia los discursos esencialistas y nostálgicos de una Historia idílica que nunca existió, no ayudan a abordar determinadas cuestiones que exigen tacto, paciencia, prudencia, actitud democrática, voluntad de conocer y algún conocimiento de la Historia y las realidades de los pueblos de España. (Continuará)