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Leopoldo Pelayo

Miembro del frente cívico somos mayoría de madrid

La convulsa sociedad española se mueve bajo unos parámetros por todos conocidos: una profunda crisis, paro y precariedad inaceptables, una corrupción inasumible, un descrédito generalizado de las instituciones que han gobernado o han estado cerca de las tramas político-financieras culpables de esta situación. El inmenso malestar ciudadano que se pone de manifiesto en las movilizaciones que plantean las Marchas de la Dignidad, Mareas y otras plataformas, así lo corrobora.

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© Juanjo Delapeña

El día 29 de noviembre, miles de personas por la mañana y cientos de miles por la tarde, inundaron de forma pacífica y masiva las calles de Madrid al grito de “Pan, techo, trabajo y dignidad”. Denunciaron un rechazo total a las políticas emanadas de la Troika y de los gobiernos del bipartidismo. Un rechazo a los recortes, al paro que éstos provocan, a la corrupción instalada en lo más profundo de las instituciones y un no rotundo a la continuidad de estas políticas y a los partidos que las llevan a cabo.

En pocos días, con una organización básica, las Marchas han sido capaces, una vez más, de generar una dinámica de movilización a través de las coordinadoras y los comités de barrio, que ha permitido la participación masiva de los ciudadanos en estas manifestaciones.

En todas las intervenciones de la Coordinadora de las Marchas de Madrid, celebrada el 2 de diciembre, en Barajas, se valoró muy positivamente la semana de lucha del 24 al 29 de noviembre. Fueron múltiples los actos desarrollados en barrios y distritos contra la deuda, contra la L.S.C., por una vivienda digna y por la defensa de los servicios públicos. Se denunció, asimismo, la situación del exilio de miles de jóvenes en busca de trabajo, así como la situación de paro y precariedad de millones de trabajadores.

Asímismo se consideraron muy positivas las manifestaciones del 29 por la mañana y por la tarde, en las que centenares de miles de personas manifestaron su indignación y rechazo a la situación actual. A juicio de la Coordinadora, es necesario, sin embargo, mejorar aspectos de organización, comunicación, descentralizar y delegar funciones que permitan generar la confianza de sus muchas organizaciones para que sus intereses individuales, muy respetables en todos los casos, no se superpongan a los intereses colectivos.

Si las movilizaciones previas al 22 de marzo y la de ese mismo día ayudaron a provocar el cambio político que se dio en las elecciones europeas del mes de mayo, es evidente que las del mes de octubre y noviembre tendrán un peso específico en las futuras convocatorias electorales.

Existe la creencia de que las elecciones son la solución para cambiar las políticas económicas actuales, pero es evidente que, aun siendo la condición necesaria, no es la condición suficiente. Revertir las políticas de recortes en educación, sanidad; suprimir el artículo 135 de la Constitución que prioriza el pago de la deuda e impone y exige estas políticas, entre otros aspectos, son cuestiones que solo se conseguirán exigiendo a los gobiernos futuros, con movilizaciones y presiones en la calle, la devolución de los derechos sociales perdidos con esas políticas de recortes.

Las Marchas de la Dignidad son, al día de hoy, el único instrumento de movilización de que disponen los ciudadanos para hacer frente a las políticas regresivas, un instrumento eficaz que ha conectado con las necesidades de la mayoría y se convierte en sujeto político para exigir, en las futuras convocatorias electorales el fin de los gobiernos sumisos a las políticas del banco Central Europeo.

Próximas movilizaciones de parados y Mareas ciudadanas

En el horizonte próximo, nos encontraremos con las movilizaciones de los colectivos de parados en el mes de diciembre. El 23 de febrero, fecha emblemática, Mareas Ciudadanas plantea salir a la calle; y las Marchas de la Dignidad deben analizar en la próxima reunión de la Coordinadora Estatal, la necesidad de dar continuidad a las movilizaciones de este otoño.

Las recientes declaraciones de Pedro Sánchez (secretario del PSOE), con cantos de sirena al pacto poselectoral con la derecha económica del país, indican las debilidades y el miedo de un sistema bipartidista basado en una sumisión absoluta a las políticas de austeridad impuestas por Europa, cuya última trinchera y refugio sería ese pacto, intentando consolidar los privilegios mantenidos durante décadas, y que solo ha favorecido a una minoría económica privilegiada.

Los movimientos sociales y las Marchas de la Dignidad estarán enfrente, como lo han estado hasta ahora, de estas políticas de sufrimiento, acompañadas por la corrupción que ellos mismos han generado durante tantos años, sometiendo al país al saqueo económico de la mayoría de la población en beneficio de tramas financieras y empresariales coaligadas con el poder político.

El 22M del 2015, hay que prepararlo con la misma intensidad, o más si cabe, que la que se hizo este año. Tenemos que redoblar esfuerzos, tenemos que estar presentes en la calle para recordar que el verdadero cambio político solo se hace asumiendo las reivindicaciones de la mayoría social que sufre las consecuencias de la crisis y las políticas de un sistema corrupto emanadas de la Troika.

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