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Nuestro pueblo, el pueblo español, ha sido dos veces abducido.

La primera fue en la transición, cuando la palabra democracia se transformó en el santo y seña para diseñar un paraíso en contraposición a la dictadura franquista. Esto es muy peligroso, porque mal vamos cuando un proyecto se monta como negación de otro, sin que además esté enriquecido con contenidos. Cuando hemos intentado debatir sobre la transición, su vuelo alicorto, y además amañado en muchas cosas, nos han dicho que lo otro es el franquismo. Pero nadie ha hablado de las posibilidades de desarrollar la democracia como hay en otros lugares. La democracia es una situación por la que no nos van a detener por decir estas cosas, pero habrá que seguir luchando.

La segunda abducción tuvo lugar con Europa. Hay que construir una Europa Federal, que por este camino no se está construyendo. Se planteó como un porvenir futuro al cual sacrificamos todo. El pueblo español entró con tal degradación conceptual que en la campaña de la Constitución Europea el gobierno encarga un spot publicitario, por lo menos, en Andalucía, donde los hermanos del Río salen y dicen: “No hemos leído la constitución, por eso la vamos a votar”. Es el grito animal que lucha contra la inteligencia. Así han ido castrando el sentimiento de rebeldía y de posición de nuestro pueblo frente a problemas.

Son palabras de Julio Anguita durante la presentación en el Ateneo de Madrid de su libro Conversaciones sobre la III República. Una exposición sobre los errores del pasado, del presente, y las posibles trampas en las que se puede caer al plantear una III República.

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